Yo contaba con trece años por ese entonces. Se nos acababan las provisiones pero eso no parecía preocupar a ninguno de mis tíos. No nos quedaba mucho para llegar.
-¿Llegar a dónde?, ¿por qué no me contáis nada? Ya soy lo bastante mayor para saber de qué va todo esto.
-Vamos a Santa Luzia, una isla de cabo verde. Vamos a pasar un tiempo en tierra.
No me dieron más explicaciones, y mis nervios no andaban muy calmados que digamos. Fue frustrante no saber nada acerca de mi pasado, mi familia, el porqué de nuestra huida. Ansiaba saber más, pero con el tiempo llegarían las respuestas.
Lo que yo no sabía aun es que Santa Luzia estaba deshabitada, y que lo que íbamos a encontrar allí no era precisamente un hotel.
Atracamos en el este de la isla, la zona más alejada del resto de islas del archipiélago. Bajamos el mayor número de enseres necesarios y nos encaminamos hacia el centro de la isla. Era como andar por el mismísimo desierto, pero finalmente tras unos 10 kilómetros de caminata llegamos a nuestro destino. Era un cilindro de color marrón, totalmente opaco, sin ninguna aparente utilidad. Empecé a elucubrar posibles usos: monolitos religiosos, rayos fulminantes, faros de radio, podía ser cualquier cosa. De repente Rayo se acerco y palpó con la mano el exterior, encontrando lo que parecía un botón. El suelo empezó a vibrar y el cilindro se abrió lentamente en dos. Mis tíos avanzaron hacia el interior, lo suficientemente grande como para albergar una docena de personas. Dudé durante un instante pero la curiosidad era más fuerte. Entre con paso firme. Mis tíos me sonreían.
Era un ascensor, noté la sacudida cuando se activó, mi estómago se deslizó dentro de mí provocándome una desagradable sensación. Bajamos durante aproximadamente 20 minutos, en completa oscuridad y silencio. Miguel parecía emocionado, Dedalo no mostraba expresión alguna y Rayo estaba impaciente. Yo por mi parte empezaba a tener miedo, pero confiaba en que mis tíos cuidarían siempre de mí.
De repente el ascensor paró disminuyendo gradualmente su velocidad. Escuche los sistemas hidráulicos en acción. Acto seguido el cilindro se abrió en dos y acostumbrado a la oscuridad del ascensor quedé deslumbrado por luces azules. Oí vítores y gritos de bienvenida. En cuanto me hube acostumbrado de nuevo a la luz pude observar docenas de personas que gritaban desde unas pasarelas que se alzaban en lo alto del pasillo que salía del ascensor. El camino se hallaba escoltado por cientos de personas que nos gritaban y felicitaban desde las alturas.
Mis tíos me empujaron instándome a caminar por ese largo pasillo, podía ver a la gente por encima tirando flores y cantando alegremente. Parecía que nuestra llegada significaba algo especial. Las paredes se hallaban decoradas con extraños símbolos que no pude reconocer en ese momento, pero me resultaban familiares. Al final del pasillo se extendía una sala inmensa que refulgía de color dorado y en cuyo centro nos esperaba un grupo de ancianos. La sala se hallaba circundada por galerías en las que se arremolinaban grupos ingentes de personas.
Entré en la sala. Era el comienzo de todo.
CONTINUARÁ....
FIN DE "EL COMIENZO"

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