A veces miro al cielo y lloro.

No es el cielo lo que me pone triste, pero aun así lloro. Me falta algo dentro de mí. Es un pedazo de mi alma, de mi espíritu, yo que sé cómo llamarlo. Es mi vida. Es mi vida la que cuelga del hilo de la incertidumbre, las dudas inundan el tormento y tornado de pensamientos que hacen noche en mi cabeza. La oscuridad, la soledad, me parte en dos, no soy fuerte, no soy fuerte.

Siempre creí ser fuerte, aquel que se ríe de la desgracia porque no es más que un paso en el camino, pero no puedo, ya no más. No quiero, no más, por favor. No tengo tanto fondo, y las lágrimas mojan el teclado, porque ya no es tiempo de sol, las lluvias se acercan amenazadoras, y mis lágrimas pueden fundirse de alguna manera en el torrente de la tormenta. Pero por dentro me quiebro, por dentro pierdo fuelle, por dentro no soy más que pedazos de algodón empapados en alcohol, volátil a las mas mínima chispa. Fui algodón puro, las semanas dejaron que se empaparan poco a poco las fibras de mi ser.

Nunca creí que podría encontrar la ausencia de esa sonrisa, y ahora, ahora solo quiero verla sonreír, porque no quiero llorar mas, no es justo llorar, no es justo no reír.