15 Diciembre 2009
Hablé con el viento, no tenía nada que decirme....
Hablé con la lluvia, me distrajo por un tiempo. No quiso contarme nada.
Hablé con mi mente. No se aclaraba, decidió no ser parte del problema. Solo espectador.
Quise hablar con las nubes que me ignoraron por completo. Mire detrás de su sombra. Parecía portador de respuestas, pero el sol no sabe porque brilla, simplemente brilla.
Caminé confuso durante lo que pareció un tiempo infinito, me acostumbre al andar. No tropecé una sola vez, pero me faltaban respuestas.
Entonces me di cuenta. Estaba aprendiendo por mi cuenta. Mis pasos eran cada vez mas firmes. Mas reales.
Hubo un momento en el que sentí que estaba seguro.
Fue en ese momento, todo pasó muy rápido. No sabía que podía ser mejor, que se podía estar mejor.
Somos simples, sencillos. Pero existen otros, y son sorprendentes. Yo lo estaba descubriendo. Y no tenía miedo, ya no.
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15 Diciembre 2009
En breves publicaré los últimos capitulos. En cuanto salga a las vacaciones de navidad y tenga mas tiempo por las mañanas seguiré publicando. Tengo muchas ganas de seguir, y esta vez mejoraré, he aprendido mucho.
Ya queda menos, cada día me acerco mas a lo que quiero llegar a ser.

servido por Alejandro
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11 Agosto 2009

Vino una mañana y consigo llegó la alegría al refugio. Las expectativas de la gente eran muy altas. Expectativas desconocidas para ella. No se unió a las alabanzas y a los cánticos de todos. El refugio vibraba con la ilusión de la gente. Se respiraba un ambiente diferente al usual. Hasta ese momento todo había sido oscuro, lento, sin alma. Nadie sonreía, las noticias de nuevas muertes o capturas llegaban cada semana envueltas en un halo de derrotismo que apagaba los ánimos y hacía aflorar las lágrimas de familias enteras. Pero de repente el mundo pareció salir de una crisálida de gruesas paredes, donde durante años se había gestado una esperanza que ahora relucía por encima de todo lo demás. Ella era ajena a todo esto. Sobrevivía, simplemente. No tenía nada ni nadie por quién llorar. No se unió a las alabanzas, porque no había ninguna esperanza para ella. ¿Qué tipo de esperanza podía albergar? No tenía ambiciones de ningún tipo. No conocía nada que ambicionar, ningún destino apetecible. Y estaba claro que no era dueña de su propio destino. Su libertad estaba en manos de otros.
Fue entonces cuando el Dr. le explicó su nueva situación:
-Vas a asistir a clase con el chico nuevo. Pero no puedes hablarle de tu pasado, ni siquiera del más reciente. Fingirás haber recibido lecciones por mi parte desde hace años. Por lo demás simplemente habla con él, se amable. Conócele bien, y si puedes a sus tíos. No te estoy mandando que espíes a nadie.-Aunque era la impresión que le había causado a Laila.- Haz lo que creas.
El trato del Dr. hacia ella se había recrudecido con los años. Desde el primer momento en que le conoció pudo percibir como el entrañable hombre que quiso actuar como si de su abuelo se tratase se distanciaba de ella y la trataba con la frialdad de un jefe, a pesar de tratar con una niña de doce años. Se sentía abandonada.
Nada le hacía menos gracia que seguir las indicaciones del Dr.Chandra, aun así las siguió. Sin saber muy bien porqué se acercó a ese chico de pelo negro y aspecto extraño. Su mirada denotaba incredulidad. Se sorprendía fácilmente y sonreía cuando le era posible. Las historias que contaba eran fascinantes. De algún modo se convirtió en su ventana al exterior. Gracias a él empezó a conocer el mundo. Empezó a tener sueños, deseos de salir, de conocer. Su tío Miguel y él se convirtieron en sus mejores amigos. Reía por primera vez en años. Reía cada día. Había algo diferente en ese niño. Había conocido a más niños en el refugio, pero siempre eran distantes con ella. Le sorprendió que desaparecieran con la llegada de esta extraña comitiva. A pesar de esto siguió sin ser sincera con él. Jamás le contó la realidad del refugio antes de su llegada y fingió que todo había sido siempre de la misma manera. No quería perderlo, no quería asustarle. Según pasó el tiempo los lazos entre ambos se hicieron más fuertes, cada mañana era especial por el solo hecho de verlo, de hablar con él. Su risa era contagiosa, sus ojos casi negros le hacían perderse dentro de su mirada, se estaba enamorando sin siquiera saber que significaba eso. Era muy feliz, por primera vez sentía sin padecer, ansiaba estar con él, y su estomago así se lo confirmaba cuando miles de mariposas inundaban su interior al saludarle. Su vida era por fin agradable, todo iba bien hasta que llegó Marcus Chandra para arruinar sus ilusiones.
Ese día se había estado preparando como lo hacía cada mañana, y había sido interrumpida mientras leía su libro, su pequeño tesoro. Cuando salió tras el Dr. se encontró con un extraño grupo esperándola en la entrada. Benjamin el ayudante del Dr. junto con un hombre al que jamás había visto en el refugio y por último Rayo, de pié junto a estos con una mirada indescifrable. No hizo ademan alguno al verla salir. Sin embargo no pasaría mucho tiempo antes de descubrir el porqué de sus actos.
CONTINUARÁ...
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21 Julio 2009

Parecía una mañana como cualquier otra. Laila se levantaba temprano, con el ánimo de aprovechar al máximo esos minutos que anteceden el ritual del desayuno. Cada día era lo mismo. Se despertaba en su Ledera en un estado de máxima relajación, bastante común debido al tipo de cama que era. Lo peor era el vaciado de esta. El nivel del líquido bajaba lentamente hasta que tu espalda tocaba el fondo de cerámica, el golpe era bastante suave pero sus efectos se magnificaban al estar medio dormido. Los minutos siguientes eran cruciales para ella, pasaba por el baño, se lavaba la cara, los dientes, se vestía. Todo con la mayor de las parsimonias. Una vez arreglada encendía la luz del techo y se sentaba en el sillón de terciopelo y abría su pequeño tesoro. Era su pequeño placer, ese fino libro de colores claros le animaba la vida. Le daba fuerzas para seguir, para sonreír. El autor era Antoine de Saint-Exupéry, el titulo Le Petit Prince, El Principito.
No pasó mucho tiempo. Cuando apenas había leído tres páginas alguien golpeó su puerta fuertemente. Se asustó un poco al principio, pero supuso que sería su tutora legal, la cual, a pesar ser su sustento económico, mantenía un relación de estricta cordialidad con ella. Ni un solo gesto fraternal en los muchos años que pasó allí la hizo convencerse de que estaba sola en el mundo. Para sorpresa de ella, bajo el marco de la puerta apareció el Dr.Chandra.
-Laila.- Asintió mientras se giraba hacia la salida. Laila entendió perfectamente. Había llegado el momento. Después de varios años había conseguido olvidarse por completo de aquello.
No era caridad lo que la mantenía con vida. Ni siquiera un sentimiento de pena por parte de los demás. Sus raíces atlantes nunca habían estado del todo claras, así que ¿Cuál era la razón de que estuviese allí?
Sus primeros recuerdos se remontaban a su infancia. Tenía la imagen borrosa de sus padres. Recordaba a su madre con cariño llevándola de la mano a través de senderos rodeados de arboles. Recordaba altas paredes de piedras, olor a almizcle, cantos alegres, el sol en la cara. Nadie le había asegurado nada, nadie le había proporcionado información de lo que pasó. Su memoria no era el más fiable de los documentos existentes, pero era el único del que disponía. Un fuerte sonido, repetitivo como el que mas, tal vez metralletas. Color sangre, gente corriendo, gritos. Todo era muy confuso. Según el Dr.Chandra fueron miembros del gobierno estadounidense, en búsqueda y caza de miembros atlantes. Ella fue salvada por gente del refugio, y desde ese día sería cuidada allí. Con una condición.
-En el futuro necesitaremos tu ayuda Laila. Espero que lo comprendas. Es muy difícil mantenerte aquí. Educarte, proporcionarte ayuda. Darte información y secretos a los que nadie más tiene acceso. Y llegará el día en el que tengas que ayudarnos. Devolvernos el favor, por así decirlo.
Intentó adoctrinarla. No pudo ser. Ella era más fuerte que todo eso y pensaba por sí misma. Los primeros años no fueron sencillos, se encontraba sola y nadie parecía acogerla con agrado. Más tarde se enteraría de la razón, pero durante aquel tiempo lloraba a menudo en su ignorancia. El Dr.Chandra la dejó a su aire durante algún tiempo. Sin dejar de recordarle que tenía una deuda con el refugio. La educaba esporádicamente sin mucho afán. Pero todo eso cambió, cuando llegó él.
CONTINUARÁ...
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21 Julio 2009
Los pasillos se encontraban sumidos en la penumbra característica que precede al amanecer. El silencio, que parecía ser el único atributo reconocible del lugar se vio pronto sustituido por los leves repiqueteos procedentes de la suelas de Benjamin. Avanzaba impertérrito oculto bajo una capucha de algodón, mientras sujetaba un pequeño sobre. Se detuvo a pocos pasos de las escaleras, no sin antes asegurarse de que nadie le seguía. Deslizó la mano bajo su chaqueta rápidamente. Un brillo resplandeciente asomo tras la solapa, un cuchillo de punta fina se extendía en su mano. De un golpe rompió el sobre, sacando su contenido con una tranquilidad que no era tal. La leyó cuidadosamente y sorprendido la guardo inmediatamente. Avanzó varios pasos con la respiración claramente agitada. Se detuvo de nuevo, saco la carta y la volvió a leer:
"Laila se está volviendo prescindible, su posición dentro del refugio es ahora, más que nunca peligrosa para los intereses políticos del grupo. No nos queda más remedio que ordenar su eliminación. Confiamos en ti para realizar esta tarea con la mayor de las discreciones. Prepara una coartada para su salida fuera del refugio y oculta su muerte.
Gracias Benjamin"
CONTINUARÁ...
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9 Julio 2009
Pues ya me encuentro de nuevo con vosotros. El bloque dos, que es el siguiente al ya publicado, está a puntito, ya lo he empezado a escribir y tengo la estrucutra hecha. SIn embargo esta noche me marcho al camino de Santiago por lo que no publicaré nada hasta que vuelva. Pero a partir de entonces publicaré cada día, lo prometo.
P.D: Lo mismo esta noche pongo el prologo del bloque dos. Que tampoco va a hacer daño a nadie :D.
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15 Mayo 2009

En el mes de Marzo las cosas empezaban a caldearse. En apenas quince días la nave estaría lista, y el objetivo era partir de inmediato. Todos los sistemas estaban en su sitio, todo funcionaba a la perfección. El único pero era la energía necesaria. Durante meses se prepararon los reactores de fusión que se emplearían para el viaje. La energía necesaria para convertir la materia de la nave, y la mía propia, en taquiónica era inmensa y se requería de una potencia insólita.
Todos en el refugio parecían cooperar, aunque para ser justos con la realidad de los acontecimientos, nadie, y me refiero a los habitantes y ciudadanos de a pie, sabía nada acerca del "gran proyecto" del Dr. Yo por mi parte había decidido mi propio destino, figuradamente hablando, hace días. Los objetivos y deseos del Dr. aun desconocidos para mi, y aunque por ello me comían por dentro las dudas, no influirían en mi decisión. Detestaba romper de raíz con todo, el desenlace de mi aventura traería sin dudas consecuencias y su naturaleza era oscura. Iba a volver a salvar a Rayo, de una manera u otra. Me preparé físicamente, recordé todo lo que el mismo Rayo me había enseñado, tácticas de lucha, maniobras de aproximación al enemigo, sigilo. Supuse que sería necesario todo esto, al fin y al cabo iba a seguir a Rayo durante quien sabe cuánto tiempo, y presumiblemente sin que él lo supiese.
Decidí llevar a cabo mi último acto de rebeldía durante el primer ensayo general. Sonaba teatral pero de él dependía según el Dr. el éxito de la misión. Debo admitir que el Dr. dejo de lado su faceta oculta durante el tiempo que duraron los preparativos. Parecía mentira que aquel viejo afable ocultase tanto detrás de aquella bata y esa gafas color caqui. El ensayo, totalmente dirigido por él, consistiría en comprobar los niveles de temperatura de la maquina, activar los sistemas principales y arrancar los motores de centrifugado. La conversión de materia no se llevaría a cabo, aunque se me había asegurado que las pruebas precedentes, tanto con animales como con materia inerte, habían funcionado sin problemas. Para ser sincero, el aspecto de la nave no revelaba nada que la hiciese parecer "nueva", a día de hoy aun creo que aquella vez no fue la primera vez que fue utilizada. Tras mi primer viaje pude comprobar cómo el desgaste debido a la conversión taquiónica se observaba en el casco de la nave. Durante el ensayo sería yo el que se situaría dentro de la nave para activar los sistemas, vestiría de calle y no ocasionaría ningún problema. O eso creían ellos. Iba a activar la máquina durante el simulacro.
Releí todos los documentos que me proporcionaron en primer lugar, decidí llevarlos conmigo, en caso de que contuviesen rutinas de seguridad, o códigos de aborto de misión. Dado que no sabía cómo pensaban transmitir órdenes al pasado decidí llevar todo lo que estaba pensado utilizarse durante la verdadera misión. El traje que me facilitaría la conversión taquiónica se encontraba dentro de la nave, pero tardaría en ponérmelo, y no podía ponérmelo delante de todos mientras me miraban. Recordé que la nave bloqueaba los portones como consecuencia de varios algoritmos de seguridad que se activarían una vez pulsase el botón que me convertiría en materia taquiónica. El plan era arriesgado. El traje era imprescindible para la transformación y el resultado derivado de no llevar el traje debía ser bastante desagradable. Una vez pulsado el botón y los portones cerrados disponía de un minuto y medio para ponerme un armatoste que solía ponerme con ayuda en un proceso de unos veinte minutos. Aun así era un riesgo a correr.
Con todas estas precauciones en mente llegó el día del ensayo.
Todo el equipo se encontraba allí. Nadie conocía los verdaderos motivos que impulsaban al Dr. Durante el tiempo que trabajé con ellos pude comprobar que actuaban como marionetas. Todos pensaban que el viaje no era más que otro de aquellos maravillosos logros atlantes. Un paso más en el entendimiento del mundo. Sin ninguna intención de alterar o influir en nada. Ilusos.
Llegué varias horas antes. Aunque no había dormido en toda la noche el sueño no era ningún problema. Los nervios me hacían temblar sospechosamente y dificultaban la tarea de ocultar aquellos archivos bajo la ropa.
Repasaba mentalmente los detalles, tenía que recordar todos y cada uno de los pasos para ponerme el traje, nada podía fallar.
A las diez en punto la maquinaria empezó a funcionar. La gente estaba emocionada y trabajaba sin descanso. La cuenta atrás se dispuso para terminar en diez minutos. Entré en sala que aislaba la nave del exterior. Paredes de plomo de dos metros de grosor rodeaban la nave. Varias cámaras comunicaban la sala y la nave con el centro de operaciones. El Dr. asintió con la cabeza desde el otro lado y me dispuse a entrar, la cuenta atrás había terminado. Tenía miedo no lo voy a negar, pero también sentía cierta emoción inherente al hecho de ser la primera persona en realizar un viaje al pasado. Una vez dentro los operarios empezaron a enumerar los diferentes estados del simulacro. A los pocos minutos llegó mi turno.
Conecté los motores principales. Un chispazo precedió el torrente de plasma que empezó a fluir en los stellarator que activarían la fusión y con ella la energía necesaria para el viaje. La nave comenzó a vibrar. Abrí la boca y empecé a transmitir datos:
-Sistemas a punto. Encendido, correcto. Potencia, correcta. Fusión exitosa.
Las personas al otro lado de las cámaras me miraban expectantes. El único que mantenía una calma absoluta era el Dr. Esperaba alterarle una vez llegase mi momento.
Cinco minutos después habíamos terminado de verificar todos y cada uno de los sistemas y llegaría el momento en el que el Dr.Chandra daría la orden de detener los sistemas. Sin embargo no dijo nada. Cuando fue su turno se mantuvo callado. Todos le miraban preocupados. Todos menos su ayudante. Yo estaba esperando esa orden para actuar. El cambio de acontecimientos me paralizo durante un segundo. Acto seguido pulsé el botón.
Alarmas de todo tipo comenzaron a sonar. Los científicos al otro lado gritaban sin cesar preguntándome que hacía. Se hallaban perplejos. Era mi turno. Me di la vuelta rápidamente para coger el traje. Abrí el armarito y lo sostuve durante un segundo antes de empezar el proceso para ponérmelo. Un reloj tremendamente sonoro me advertía de los segundos que me quedaban antes de que empezase la conversión de materia. Iba a contrarreloj. Las piezas parecían más pequeñas de lo que recordaba y me equivocaba torpemente. Quedaba apenas un minuto y solo me había puesto la parte inferior del traje. Me coloqué el torso rápidamente para a continuación introducir mi mano izquierda en uno de los guantes. El derecho me causo muchos problemas. Con la mano izquierda enfundada en un guante de nula utilidad práctica, me resultaba imposible cerrar las conexiones de la muñeca. Miré el reloj, quedaban quince segundos. Los cables cerraron con un fuerte chasquido. Me coloqué a toda velocidad el casco. Quedaban seis segundos. Miré al suelo. El traje no estaba conectado a la nave. Me lancé al suelo en plancha para intentar conectar el traje. Escuchaba el reloj, "Cinco, cuatro, tres" enchufé el cable, "dos, uno, conversión en proceso."
Me levanté triunfante. Sólo me quedaba introducir la fecha de regreso. La fecha objetivo. Mi destino. Me aproximé a la consola para introducir la fecha. En un minuto escaso la transformación se habría completado y la nave viajaría hacia la fecha y el lugar introducidos en la consola. Alargué la mano. La fecha introducida era el 8734 A.C. Apreté el botón de "Delete". La consola estaba bloqueada. Apreté más veces. Volví a oír el reloj, "Diez, nueve, ocho, siete", apreté sin sentido hasta hacerme daño en el dedo, "cuatro, tres, dos, uno, despegue". Sentí una fuerte sacudida. Miré a la pantalla que me comunicaba con los operarios. El Dr.Chandra sonreía.
CONTINUARÁ...
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10 Mayo 2009

Todo parecía estar en mi contra, pero no por ello iba a echarme atrás. Mis planes eran sencillos, pero la manera de realizarlos no se me presentaba de la misma forma. ¿Qué consecuencias tenía el cambiar el pasado? No sabía si era posible, si me controlaba algún tipo de destino, algo que atase mis manos dentro de un marco cosmológico atemporal. Era reacio a pensar de aquella manera. Tenía la firme convicción de ser el único responsable de mis acciones, de mi futuro, de mi vida. O al menos era la ilusión que había creado con los años. Ahora, en este momento en el que escribo estas líneas, me doy cuenta, me doy cuenta de la verdad detrás de todo. No entendía el porqué hasta que vi el monolito. Pero esa es otra historia, otra historia que contar, y si llega a ser contada será precedida por relatos de mayor importancia que los que cuento hoy.
En el mes de Febrero las lluvias comenzaron a ceder, la temperatura del refugio subía sin cesar. Tenía que pensar cuidadosamente cada uno de mis pasos. Todo el mundo se encontraba agitado por las tareas que suponían acondicionar el refugio a la nueva estación. Elaboré una lista de prioridades, presidida por Rayo. Tenía dos opciones, salvarle o vengarle. Si en efecto era capaz de cambiar el pasado, las consecuencias de esto podrían ser ciertamente destructivas para la estabilidad de nuestra realidad. Las noches pasaban lentamente, no dormía apenas. Me arrastré hacia un agujero demasiado profundo como para salir por mi mismo. La depresión me pudo cuando entendí, o eso quise creer, que no podría salvar a Rayo. Mi realidad, ésta en la que yo vivía, estaba establecida, formada, sin flecos, sin recovecos por los que escapar de los acontecimientos sucedidos. Yo había visitado sin duda el pasado, me habían tomado una foto en un lugar desconocido, miles de años atrás, y sin embargo aun no había realizado ese viaje. Pero lo iba a realizar, sin duda. ¿Pero cuanto desconocía yo de mis devenires espacio-temporales? Podía estar allí mismo, detrás de mi puerta, vigilándome. Podría haber salvado a Rayo y simulado su muerte de mil maneras. Las permutaciones eran infinitas. Yo lo sabía y al fin y al cabo tenía que agarrarme a un clavo ardiendo. No había escaleras que facilitaran mi escalada. Nadie me ayudaba, nadie me abrazaba, nadie con quien contar, y sin embargo tanto que hacer por los demás. El acoger esta posibilidad, esta posibilidad de haber realizado ya la salvación de Rayo, de haber solucionado ya el puzle, de haber triunfado, sin saberlo, esta posibilidad me levantaba el ánimo levemente. Pero me di cuenta de que suponía traicionar mis convicciones. Si en efecto esto era lo que había pasado e iba a pasar, yo no tenía elección, era una simple marioneta sin sentido, seguía el devenir con la convicción de no tener responsabilidad alguna sobre mis actos, la muerte no era más que el final de un macabro juego. Sin embargo tome la decisión de no sobreponer mis dudas a lo que quería conseguir. Un mal paso debo decir.
A finales de Febrero, ya sabía manejar la nave sin problemas, y solo unos pequeños sistemas de seguridad impedían la realización práctica del viaje. Yo iba a volver al pasado. Seguiría a Rayo en su escapada, e intentaría convencerle para ocultarse una vez me hubiese salvado la vida. A simular su muerte, de acuerdo a lo que yo había vivido, no podía influir en hechos que se saliesen de mi experiencia pasada. ¿Acaso era esto posible? Ahora me lamento de no haber previsto lo que iba acontecerme.
Por ese entonces no sabía nada de realidades alternativas, mundos paralelos. Craso error.
CONTINUARÁ...
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